El Pombero

El Pombero:
El Señor de la Siesta y Guardián del Monte

Si alguna vez caminas por el monte en Corrientes, Misiones, Formosa o Chaco, especialmente a la hora de la siesta o cuando empieza a caer la noche, los locales te darán una advertencia clara: “Cuidado con el silbido”.

Ese silbido, que a veces imita a la perfección el canto de un ave y a veces es un sonido agudo que hiela la sangre, anuncia la presencia del Pomberito.

Pero, ¿quién es este ser del que tanto se habla en susurros? ¿Es un simple duende travieso o algo más poderoso? El Pombero (o Kuarahy Jára, “Dueño del Sol” en guaraní) es una de las figuras centrales y más temidas de la mitología guaraní. No es ni bueno ni malo por naturaleza; es, ante todo, un guardián.

¿Cómo es?
La Apariencia del Dueño del Monte

Olvídate de los gnomos de jardín. Las leyendas describen al Pombero de forma mucho más rústica y, a veces, aterradora.

Generalmente se lo imagina como un hombre bajo, fornido, y muy feo, a menudo cubierto de vello oscuro. Casi siempre usa un sombrero de paja grande (para tapar su rostro) y lleva una bolsa de cuero. Sus pies pueden ser grandes y algunos relatos dicen que los tiene al revés, para despistar a cualquiera que intente seguir sus huellas.

Su principal característica no es visual, sino sonora. Es un maestro del mimetismo: puede imitar el sonido de cualquier animal del monte, pero su “firma” es ese silbido penetrante.

El Guardián de la Siesta:
¿Cuál es su Misión?

La misión principal del Pombero es proteger la naturaleza. Es el guardián de los pájaros y se enfurece con los cazadores que matan más de lo que necesitan para alimentar a su familia.

Castiga a los que talan árboles sin permiso, a los que molestan a los animales durante la siesta (la hora sagrada del calor) o a los que simplemente no respetan las leyes no escritas del monte.

El "Chisme":
Cómo Ganarse el Favor del Pomberito

Aquí es donde la leyenda se vuelve parte de la vida cotidiana. El Pombero puede ser tu mejor aliado, pero exige respeto. Los paisanos y la gente de campo saben que para tenerlo de su lado, hay que “pagarle un peaje”.

El ritual es simple: dejarle ofrendas por la noche, en un rincón del patio, cerca del gallinero o en el borde del monte.

  • Tabaco: Unos cigarros o un poco de tabaco para mascar.

  • Caña: Un vasito de caña, aguardiente o vino.

  • Miel: Un poco de miel de abeja.

A cambio de este gesto, el Pombero se vuelve un protector invisible. Se dice que cuida las gallinas de los zorros, espanta a las víboras, y cuida que los caballos no se pierdan. Es un pacto de convivencia: “Yo te respeto y te doy, tú me cuidas”.

El Peligro:
¿Qué Pasa si se Enoja?

Ay de aquel que se olvida de la ofrenda o, peor aún, se burla de él o niega su existencia. El Pombero enojado no es un duende de jardín, es una fuerza temible.

Sus “travesuras” son castigos severos:

  • Te “pierde”: Su castigo favorito es desorientar a la gente en el monte. Te hace caminar en círculos hasta que te agarra la noche.

  • Asusta a los animales: Hace que las gallinas no pongan huevos, que las vacas pierdan la leche o que los caballos se espanten y se pierdan.

  • Ruidos y silbidos: Molesta de noche en las casas, golpeando ventanas o silbando al oído para que no puedas dormir.

  • El “toque”: Se dice que si logra tocarte, puede dejarte mudo, tonto o con temblores. Es el famoso “payé” o “toque” del Pombero.

La Leyenda más Oscura:
El Pombero y las Mujeres

Hay un aspecto del mito que se cuenta en voz aún más baja. Se dice que el Pombero tiene una fascinación particular por las mujeres, especialmente las jóvenes y solteras.

El “chisme” rural cuenta que si una mujer imita su silbido por la noche, el Pombero lo toma como una invitación. Antiguamente, y en algunos lugares todavía hoy, la figura del Pomberito se usaba para explicar embarazos fuera del matrimonio. Era una forma de tapar una “deshonra”, diciendo que la joven había sido “visitada” por el duende del monte.

Conclusión: El Respeto por el Misterio

¿Es el Pombero un ser real que vaga por el Litoral, o es la personificación del monte mismo, que exige ser cuidado? Quizás sea ambas cosas.

La leyenda del Pombero sigue viva porque cumple una función social: es la advertencia que usan las madres para que los chicos no anden solos a la hora de la siesta. Es el ritual que el paisano usa para sentirse protegido en la inmensidad de la naturaleza. Y es, por sobre todo, el recordatorio de que en el monte, nunca estamos realmente solos.

Y tú, si escucharas un silbido en la noche… ¿le dejarías un trago de caña por las dudas?