El Mal De Ojo

El Mal de Ojo
Cuando la mirada enferma y cómo sanarla

Seguro que alguna vez escuchaste la frase: “Ese bebé está ojeado”. Quizás te lo dijo una abuela al ver a un niño llorar desconsoladamente sin causa médica aparente, o quizás tú mismo has sentido un dolor de cabeza repentino y una pesadez inexplicable después de estar con cierta persona.

El Mal de Ojo no es un mito olvidado; es una creencia viva y cotidiana en casi toda Latinoamérica y España. Es la convicción de que la energía de una persona puede afectar físicamente a otra a través de la mirada.

Pero, ¿en qué consiste realmente este fenómeno? ¿Cómo saber si alguien te ha “ojeado” y, lo más importante, cómo se cura?

¿Qué es el Mal de Ojo?

El concepto es sencillo pero poderoso: se cree que los ojos son la ventana del alma y, por tanto, un canal por el que sale nuestra energía.

El Mal de Ojo ocurre cuando una persona transmite una carga de energía muy fuerte y negativa a otra, simplemente mirándola. Esta energía puede nacer de la envidia profunda, los celos, o el rencor.

Sin embargo, y aquí está lo curioso, no siempre es malintencionado. Se dice que las personas con “mirada fuerte” pueden ojear incluso sin querer, a veces por una admiración excesiva. Por ejemplo, al ver a un bebé muy hermoso y elogiarlo con demasiada intensidad sin tocarlo, se le puede transmitir esa carga energética que el pequeño no puede procesar.

Síntomas
¿Cómo saber si estás "ojeado"?

La creencia popular distingue claramente a las víctimas. Los más vulnerables son siempre los bebés y los niños pequeños, ya que su campo energético es más débil.

  • En bebés y niños: El síntoma principal es el llanto incontrolable y sin motivo aparente (no es hambre, ni sueño, ni pañal sucio). También pueden presentar fiebre súbita, vómitos, sobresaltos al dormir o una pérdida repentina del apetito.

  • En adultos: Se manifiesta más como una carga psicológica y física. Es común sentir un cansancio extremo que no se va con el sueño, dolores de cabeza intensos (especialmente en la nuca o la frente), bostezos continuos, rachas de mala suerte y un estado general de nerviosismo o tristeza sin razón.

La Protección
La Cinta Roja

Antes de llegar a la cura, la sabiduría popular nos enseña a prevenir. El amuleto más famoso contra el mal de ojo es el color rojo.

A los recién nacidos se les suele colocar una cinta o pulsera roja en la muñeca o el tobillo para “distraer” la mirada fuerte. También se utilizan amuletos como la “higa” (un puño cerrado de azabache) o el famoso “ojo turco” azul, que se cree que absorbe la energía negativa hasta romperse.

¿Cómo defenderse?
(El Enfrentamiento)

Es casi imposible matar a El Familiar con armas convencionales. Las balas no le hacen daño; de hecho, se dice que rebotan. Sin embargo, los valientes que han sobrevivido cuentan que la única forma de escapar es portando un rosario, una cruz grande en el pecho, o facones (cuchillos grandes) con empuñadura en forma de cruz.

Si te lo cruzas en el cañaveral por la noche, no debes correr (te alcanzará). Debes mostrarle la cruz y encomendarte a Dios con valentía; la bestia retrocederá arrastrando sus cadenas.

La Cura
El Ritual del Aceite y el Agua

Si la prevención falló, entra en acción “la cura”. Curar el ojeo es una práctica que se transmite de generación en generación, generalmente entre las mujeres de la familia, y suele realizarse en secreto o en un ambiente íntimo.

Aunque existen varios métodos (como el pasar un huevo por el cuerpo), el más extendido es el del plato con agua y aceite.

¿En qué consiste el ritual? La persona que sabe curar (a veces llamada “curandera”) toma un plato hondo con agua. Mientras recita oraciones específicas en voz baja —a menudo el Padre Nuestro y el Ave María, mezclados con rezos secretos—, deja caer gotas de aceite de oliva sobre el agua.

El diagnóstico está en el comportamiento del aceite:

  1. Si las gotas se quedan enteras y pequeñas: No hay ojeo.

  2. Si las gotas se expanden mucho o se hunden: Hay ojeo fuerte.

  3. Si las gotas se juntan formando “ojos” grandes: La persona está curándose en ese momento.

El proceso se repite hasta que el aceite ya no forma ojos, señal de que la energía negativa ha sido “cortada”.

Conclusión

Creas o no en la energía, el Mal de Ojo es parte fundamental de nuestro folclore. Es una forma en que nuestra cultura ha intentado explicar esas dolencias súbitas que la medicina no siempre alcanza a justificar, recordándonos el poder que nuestras intenciones —y nuestras miradas— pueden tener sobre los demás.